Artículos Periódico Reforma

Fracking ¿peligroso per se? (Reforma, 16 de junio de 2014).

En 1947 las gaseras desarrollaron, en Kansas (EUA), la técnica para producir gas y aceite a partir de fracturar ciertas formaciones rocosas. El proceso consta de tres etapas: (i) inyectar un fluido viscoso (90% agua mezclada con polímeros químicos que dan la apariencia de un gel) para fracturar; (ii) inyectar pequeñas esferas que permiten mantener abiertas las fracturas (típicamente, arena), y (iii) extraer el fluido viscoso hacia la superficie (flow back).

En EUA ha empezado el litigio por daños ambientales y a la salud humana derivado de este método utilizado en New York, Ohio, Pensilvania, Tennessee y West Virginia, donde están las reservas potencialmente más productivas de shale gas. Los tribunales de EUA han desarrollado una amplia doctrina, basada en el precedente judicial, respecto del Derecho de Daños (Tort Law) que informará las sentencias que en el tema del fracking se vayan produciendo.

En 2010, PEMEX inició trabajos exploratorios e identificó un área prospectiva de 43,000 km2 con potencial en Chihuahua, Sabinas-Burro-Picachos, Burgos, Tampico-Misantla y Veracruz, lo que se traducirá en la detonación de inversiones, empleo, recaudación y desarrollo económico regional.

¿Y los daños? En México ni la literatura jurídica ni la jurisprudencia permiten anticiparse de manera estratégica y con una alta predictibilidad a las conclusiones de los fallos de los eventuales litigios que llegaren a presentarse ante los tribunales, federales (en el caso del daño medioambiental) o locales (en los casos de daños personales, patrimoniales, a la salud o morales). En este último caso, mucho más complejo, dada la poca transparencia (casi nula) de los criterios que en el ámbito estatal se van consolidando a manera de jurisprudencia estatal.

La bibliografía especializada y las investigaciones llevadas a cabo en EUA, por la autoridad ambiental (EPA, Environmental Protection Agency) concluyen que la amenaza contra los mantos acuíferos y las fuentes subterráneas de agua potable es pequeña o inexistente. Las razones son, principalmente, porque hay una separación geológica considerable –de miles de kilómetros— entre las lutitas y las fuentes de agua. Además, porque una efectiva recuperación de los fluidos durante el flow back reduce significativamente cualquier riesgo.

No obstante la posibilidad de minimizar o anular cualquier riesgo, daños pudieran generarse si al utilizar este singular método, en cualquier etapa, no se garantiza la seguridad, tanto del medioambiente como de las personas.

¿Es el fracking peligroso por sí mismo? La respuesta debe partir del conocimiento técnico y de la valoración judicial de los juzgadores. Una de las características de la responsabilidad civil objetiva es la posibilidad de calificar como “peligrosa” a la actividad desarrollada. En juicio se tiene que acreditar que el demandado generó un daño a consecuencia de haber hecho uso de mecanismos, instrumentos, aparatos o substancias “peligrosos en sí mismos”. Es, sin duda, un tema técnico.

Si se desecha la calificación de peligrosidad per se, la imputación de la responsabilidad por los daños debe canalizarse a través de la responsabilidad civil subjetiva, que requiere acreditar que la causación del daño se produjo a partir de una conducta ilícita (culpa, como dice la jurisprudencia).

En el litigio ambiental, las acciones colectivas permiten la defensa de intereses difusos y colectivos y, en el caso del fracking, cobrarán vigencia e importancia. Para los daños a las personas (propiedad, salud) las acciones colectivas deberán esperar momentos legislativos más acordes a la realidad y necesidades sociales, pues fuera del caso ambiental sólo proceden en y para las relaciones de consumo, quedando abierta la acción individual.

Las inversiones en el sector energético no deberían retraerse o detenerse. Los inversionistas, de la mano con procesos de fracking escrupulosos y cuidadosos, cuentan con un marco jurídico y jurisprudencial favorable para evitar demandas frívolas, pues es necesario probar de manera fehaciente la existencia de un daño y la relación de causalidad con el fracking.

En estos temas, se evidencia la obsolescencia de algunas instituciones jurídicas. La ausencia de sistematización de precedentes locales no ayuda. Ojalá y nuestros congresistas empiecen a tomar en serio su trabajo y provean de reglas eficientes a nuestro incipiente Derecho de Daños, que sirva para cumplir el deseo de la ley: que quien haga daño, lo pague.

@FGarciaSais

Presidente de Acciones Colectivas, A.C.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .