Artículos Periódico Noroeste

Vida y razón (Noroeste, 23 de mayo de 2015)

OBITER DICTUM

Vida y razón

Fernando García Sais

Las personas podemos tomar decisiones en relación con nuestra muerte, “después de que la vida ha terminado en serio” según afirmó Dworkin, el ilustre abogado harvardiano y profesor de Filosofía del Derecho de la prestigiada Universidad de Oxford (Life’s Dominion: An Argument About Abortion, Euthanasia, and Individual Freedom. New York: Alfred A. Knopf, 1993.)

El Derecho, como sistema normativo encaminado a ordenar las conductas humanas, ha ido avanzado, en el mundo y en México. De acuerdo con nuestra Constitución y con la interpretación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, los mexicanos tenemos derechos para decidir en torno a la vida.

A causa de las enfermedades, del sufrimiento personal y familiar y de los altos costos involucrados en torno a la “obstinación terapéutica” (distanasia) en todos los rincones del Planeta, individuos libre y conscientemente solicitan que se les permita morir. En veces piden que otros les maten; el sufrimiento y la agonía son insoportables e indignos. “Vivir” en algunas formas, para algunos, es deleznable.

En 2007 se despenalizó en México la interrupción del embarazo antes de las 12 semanas de gestación, con la ley que lo permite en la Ciudad de México. Según el doctor Diego Valadés, ilustre jurista sinaloense, “la […] Corte resolvió el caso de manera escueta declarando la validez constitucional de la reforma, pero sin fijar jurisprudencia. Lo esencial fue reconocer que las autoridades legislativas locales son competentes para regular el aborto, y que su despenalización es acorde con la norma suprema.” (Reforma, 1 de abril de 2014).

La segunda vía que el Derecho ha utilizado para regular la toma de decisiones en relación con la vida es con la introducción, en 2008 en la Ciudad de México también, de la Ley de Voluntad Anticipada. Ordenamiento, éste, novedoso que regula la forma en que las personas pueden decidir -libremente- que no se les apliquen tratamientos y/o procedimientos médicos que busquen prolongar de manera innecesaria su vida. El tema es, evidentemente, delicado y trascendente. El objeto de la ley no es la eutanasia, sino la ortotanasia.

La eutanasia (o suicidio asistido) no es sino la acción o la omisión, generalmente realizada por médicos, para ocasionar la muerte. La ortotanasia es la muerte digna, lo que se logra dando medidas médicas paliativas contra el dolor y sufrimiento, permitiendo el apoyo espiritual y emocional a los enfermos terminales.

Cabe destacar que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal encomendó a los notarios públicos de la Ciudad de México, la redacción de los documentos de “Voluntad Anticipada”. No obstante que en algunos Estados, como Sinaloa, no se cuenta con normas que la regulen (más de 10 ya lo hacen), es factible acudir ante notario para que se haga constar las declaraciones que al respecto emitan las personas. La Ley del Notariado permite asentar cualquier acto jurídico (en amplio sentido, que incluye al hecho) en el que no exista controversia, que no afecte intereses de terceros y que sea solicitado al Notario.

En el caso del aborto se plantea un tema de inconstitucionalidad por penalizar a las mujeres en aquellos Estados en los que esté prohibido, puesto que las coloca en una situación de desigualdad y franca discriminación, lo que la Constitución prohibe. Además de que nos ubicamos en el caso de un derecho fundamental y humano que debe interpretarse de manera universal y progresiva. Dando un brinco cuantitativo en la argumentación, la conclusión inevitable es que de manera similar en el caso de la voluntad anticipada las personas que quieran declararla pueden hacerlo, sin problema alguno, dado que en el territorio nacional —en virtud de la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos— todos somos iguales y tenemos los mismos derechos humanos.

Así podemos decidir, desde que se nos mantenga vivos artificialmente por todos los medios que los avances científicos y tecnológicos de que se puedan disponer llegado el momento de la enfermedad incurable, hasta elegir morir lentamente (negándonos a comer, rehusando tratamientos o asfixiándonos al desconectar respiradores).

Un útil ejemplo de lo que podemos hacer es publicado en la revista Mundo del Abogado (30 de junio de 2013) por el talentoso escritor y jurista, Gerardo Laveaga. Ante notario, declaró que “la vida es el bien más preciado con el que cuenta cada ser humano. Esta vida no pertenece ni al Estado, ni a las iglesias, ni a la familia de una persona: pertenece a cada ser humano y es cada ser humano quien puede determinar si, en su caso personal, merece la pena de ser vivida o no, y hasta el tiempo en el que él decida.”

Previamente a lamentarse de que la asistencia al suicido no está permitida, aún en Mexico, declaró también que “en caso de contraer una enfermedad incurable o algún padecimiento motor que me impida tomar o ejecutar mis decisiones por mí mismo, no deseo seguir viviendo. No quiero, por ningún motivo, ser una carga para mi familia, ni convertirme en un sujeto que inspire lástima o compasión.”

Al respecto, Don Gerardo, manifestó que “abrigo la esperanza de que, cuando llegue el momento, no subsista esa penalización y se me puedan administrar los medios químicos, a base de pentobarbital sódico, que se suministra a los pacientes que así lo solicitan en países más desarrollados. En caso de existir una fórmula más eficaz cuando ocurra el evento antes mencionado, es mi deseo que se me administre dicha fórmula, pues anhelo una muerte rápida e indolora, por lo que las dosis deberán ser cuidadosamente verificadas por un médico o una persona familiarizada y capacitada en el uso de dichas sustancias.”

Finaliza exhortando a sus familiares y amigos para que “me ayuden a suprimir mi vida del modo más discreto e indoloro posible, de acuerdo con las medidas que, para el momento, tengan a su alcance. Esto incluiría el hecho de que me faciliten los medios para que pueda hacer uso de dichos métodos, o hasta efectuar un viaje a alguno de los países más desarrollados como Holanda, donde está permitida y despenalizada la muerte asistida, previa verificación de que pueda brindárseme tal apoyo.” Por último, subrayó que “no deseo por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia, que se me mantenga con “vida artificial”.”

En la mayoría de los países occidentales se permite paliar el sufrimiento para hacer la muerte lenta, pero no se permite aún la muerte rápida e indolora. ¡Qué terrible incongruencia jurídica¡ Deseo, como muchos otros, que nuestras leyes avancen, bien y rápido, para suprimir esas contradicciones irracionales donde se castiga la libertad para decidir de todos.

@FGarciaSais

*Ha sido profesor de Derecho de los Consumidores en el ITAM. Precursor de las acciones colectivas y del acceso de los consumidores a la justicia. Es autor de “Derecho de los Consumidores a la Información”, “Jurisprudencia del Consumidor”, “Estado, Mercado y Derecho”. Notario Público 210 de Sinaloa y Notario del Patrimonio Inmobiliario Federal. www.garciasais.com.mx

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