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Notariado medieval y sociedad Posmoderna

La revolución tecnológica y la era de las tecnologías de la información llegaron al mundo moderno para facilitarle a las personas y a las empresas sus actividades cotidianas, y por supuesto, para favorecer el entorno económico, la celeridad comercial y con ello incrementar los niveles de productividad y eficiencia.

Hace 20 años con el boom tecnológico, economistas de todo el mundo pronosticaron incrementos en las tasas de crecimiento y se especuló, inclusive, que ello incrementaría los niveles de bienestar de la sociedad.

Las instituciones jurídicas parece que no vivieron con intensidad esas profundas transformaciones tecnológicas. Con marcadas excepciones, como las relativas a la regulación del comercio electrónico y a sus efectos contractuales, hoy hay un gran número de ordenamientos jurídicos ameritan ser revisados a efecto de que exista un paralelismo que refleje de manera congruente los cambios en las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones.
El análisis costo-beneficio que hoy se exige a la hora de crear una ley también debe hacerse para valorar el costo-beneficio de las leyes vigentes.

 Los legisladores faltando a cualquier deber de diligencia asumen que las leyes que forman parte del derecho positivo son perfectas y en su labor legislativa cotidiana no asumen como una tarea su revisión expost.

Las leyes del notariado, me parece, adolecen de vicios y defectos que no favorecen aquel entorno: la innovación parece que es sancionable en incluso para algunos éticamente reprobable.
El mantenimiento del status quo, en lo relativo a la normativa notarial, parece inaceptable dado que los notarios tienen un gran número de funciones pensadas para mantener la seguridad jurídica, y hoy en día las manifestaciones de la sociedad y empresariales ya no se limitan aquellas formas del siglo pasado.

Llama la atención, por otro lado, que este tipo de reflexiones, debates y discusiones no encuentren un lugar común ni por parte de los sectores empresariales, de las organizaciones de la sociedad civil, y mucho menos del notariado nacional.

Hace unos días un cliente de la ciudad de México me solicitaba que yo desde Mazatlán diera fe respecto de acontecimientos que transmitiría desde distintas localidades a través de un sistema de telecomunicaciones por medio del cual yo estaría viendo en tiempo real la destrucción de determinados objetos de comercio.

Desde mi punto de vista, este tipo de actuaciones no deberían limitarse ni mucho menos prohibirse, con independencia de que el notario no esté físicamente en aquél lugar pero sí a través de las tecnologías de la información y de las comunicaciones.

¿Y usted qué piensa?

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