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Neodemocracia (18/3/20)

Fernando García Sais

Notario 210 de Sinaloa

@FGarciaSais

www.garciasais.com.mx

Jean-Jacques Rousseau en alguna ocasión escribió que “no puede haber expresión adecuada de la voluntad popular si existen pobres tan pobres que no tengan más alternativa que vender su voto y ricos tan ricos que puedan comprarlos sin dificultad”.

La democracia como forma de gobierno no es un instrumento de política pública que vaya a producir una distribución equitativa de los recursos pues constituye, únicamente, una forma de gobierno que contribuye, en todo caso, a fomentar las libertades, los derechos y la igualdad en una sociedad. Si en ésta no hay un piso parejo; esto es, si no es más o menos homogénea, la democracia puede producir un desencanto.

Lo anterior se hace palpable en algunas sociedades en las que, a pesar de procesos electorales aparentemente democráticos, con buenos órganos autónomos que las organicen y vigilen, y con una pluralidad real de actores políticos, la sociedad decepcionada por las “fallas de la democracia” apoya súbitamente a regímenes tiránicos o demagógicos. Los votantes han comprobado por muchos años que la democracia no les ha producido beneficios, digámoslo así, en sus bolsillos. la desigualdad no se a disminuido ni las oportunidades son iguales para todos. Peor cuando hay quienes no tienen capacidad de optar, de elegir, de decidir respecto de cosas tan básicas como dónde y qué estudiar, trabajar, practicar deporte, de la mano con la desigualdad de género, por mencionar algunas.

Gran parte de los problemas de México los podemos encontrar en los desequilibrios y asimetrías fiscales. Como sostiene Carlos Elizondo Mayer-Serra (Con dinero y sin dinero, Debate, 2012, México) la obesidad fiscal del estado mexicano, gastando más de lo que tiene y mal, asignando recursos a quien controla a los poderes de la Unión, propicia que la desigualdad no se rompa. El juicio de amparo es una herramienta para impugnar leyes inconstitucionales y actos de las autoridades, pero solamente un selecto grupo de mexicanos tienen alcance y, por si fuera poco, los efectos de las sentencias de amparo son relativos, sin efectos generales, propiciando otra desigualdad, ahora frente a ley: para unos es inconstitucional y para otros constitucional.

Para paliar lo anterior es necesario la instauración de una democracia participativa, una “neodemocracia”, en la que los miembros de la comunidad (ya sea municipal, estatal o nacional) participen activamente en la toma de decisiones colectivas, pudiendo criticar, proponer o evaluar las decisiones que se vayan tomando; esto de las políticas públicas que se construyan de manera colectiva, sin dejar de considerar u obviar, a pesar de la participación social, los aspectos técnicos de todas y cada una de las decisiones, así como su control posterior para ser modificadas cuando resulte conveniente.

La participación de la comunidad en la toma de decisiones que afectan a todos es el camino para destrabar los candados que tienen anclados los factores que producen las desigualdades (económicas, sociales, políticas, de género, etc.) y nos convirtamos en una sociedad más equitativa y más justa.

Así como Solón (630-560 a. C.) observó que en Atenas los ricos esclavizaban a los pobres cuando no podían saldar sus deudas y éstos ante la falta de expectativas estaban generando el escenario propicio para una revolución, alentó a los jóvenes de todos los estratos a pelear por una causa común. Dicha causa la encontró en la recuperación de la isla de Salamina y más tarde en la preservación del oráculo de Delfos asediado por un pueblo enemigo con estas luchas; creyó que se consolidaría el sentido de la comunidad y aunque triunfó en ambas no logró su cometido final. El rencor social era tan grande que la escisión continuó avanzando. Algunos ciudadanos influyentes promovieron la designación de Solón como jefe político de la ciudad a partir de la consideración de que “ni compartía con los ricos la injusticia ni se encontraba afectado por las deudas de los pobres“. (Laveaga, Gerardo. Hombres de Gobierno, Aguilar, 2008, México).

Requerimos, quizá, hacer un giro vertiginoso y empezar a buscar espacios para que los que gozan de menos representación política, o sea los más pobres y los más desiguales, encuentren en la neodemocracia un espacio para la participación, para la toma de decisiones y que su función no se limite únicamente a apoyar o a rechazar las medidas que toman las clases medias y las clases altas, o a vender sus votos como ocurrirá a pesar de la tipificación penal o de las amenazas estatales.

En la neodemocracia participará quien tenga interés en propiciar un sistema más justo mediante la cooperación activa en la toma de decisiones a partir de una regla muy sencilla: cada quien es libre de participar en la medida en su propia capacidad. En la neodemocracia tendremos que retomar el principio de que los temas, problemas y soluciones de la ciudad nos conciernen a todos y que, sin excepción, todos pueden opinar sin censura y sin más límite que el bien común. Que los menos favorecidos tomen decisiones, junto con los poderosos, y que junto con la clase media administren a su ciudad. Esa es la meta de la neodemocracia, que me imagino.

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